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PALABRAS
PRONUNCIADAS POR EL EDIL ING. AGRIM. MARIO N. BARBATO (PARTIDO COLORADO),
EN OCASIÓN DEL HOMENAJE QUE TRIBUTO LA JUNTA DEPARTAMENTAL DE MONTEVIDEO
A DON JOSÉ BATLLE Y ORDÓÑEZ, CON MOTIVO DE COLOCAR UNA PLACA EN
SU LUGAR DE NACIMIENTO (YAGUARÓN Y LIMA, ACTUAL COLEGIO Y LICEO
"SAGRADA FAMILIA") Y CONMEMORAR EL 155º ANIVERSARIO DE DICHO ACONTECIMIENTO
(21/MAY./1856)
SALUDO A AUTORIDADES Y PÚBLICO
PRESENTE.
Hoy nos convoca una cita obligatoria con la mejor Historia del País.
Este oportuno como acertado acto que lleva adelante la Junta Departamental
de Montevideo, con la anuencia de la Comisión Directiva del
Colegio Sagrada Familia, nos reúne en torno a una personalidad
de la política nacional, sin cuyo concurso no es posible
explicar el Uruguay moderno.
Don José Batlle y Ordóñez, nacido aquí,
en lo que era la quinta familiar, el patriarca que marcó
en letra de molde al Partido Colorado de finales del Siglo XIX en
adelante, y a través de su acción y pensamiento, a
la sociedad uruguaya en su conjunto.
Don José Batlle y Ordóñez, que generó
una corriente de adhesión y filiación de amplia base
popular, cuyas raíces se hunden en la matriz batllista desde
aquellos tiempos y se extienden hasta nuestros días con incomparable
vigencia.
Don José Batlle y Ordóñez, quien gestó
una ideología de neto corte nacional, que supo fundir concepciones
racionalistas y humanistas que venían ganando terreno en
países de Europa occidental y Norteamérica, integrándolas
con una interpretación acabada de las tradiciones y el devenir
histórico de nuestra Patria, hasta su época, que situó
a la República Oriental del Uruguay a la cabeza de las realizaciones
progresistas y justicieras.
Don José Batlle y Ordóñez, quien fue un adelantado
en su tiempo y se constituyó en un estadista de reconocimiento
mundial, abanderado de la praxis política basada en principios
universales de libertad en su más amplio sentido, y de democracia
como medio para garantizar el desarrollo y progreso individual y
colectivo, atendiendo especialmente a la condición de los
más necesitados, a través de una amplia gama de políticas
sociales.
Don José Batlle y Ordóñez, cuya sola mención
siempre nos lleva casi en forma instintiva a ponernos de pie, en
señal de respeto y reconocimiento como frente a todos los
ciudadanos y patriotas que brillaron con luz propia y consagraron
su vida al bienestar común.
En síntesis, estamos conmemorando un nuevo aniversario del
natalicio de un ícono de la Historia nacional, que es emblema
de quienes reúnen características personales únicas
e intransferibles de estadista, reformador, conductor político,
caudillo social, periodista de excepción, con hondo arraigo
popular.
En honor a la personalidad que hoy homenajeamos, desarrollaremos
a continuación de manera breve, apenas algunas viñetas
de la etapa inicial de su proficua vida, que, no por conocidos,
dejan de revestir interés para revitalizarnos en su ejemplo
y brindarle luz a las nuevas generaciones acerca de su legado, tanto
para su colectividad política - el Partido Colorado - cuya
reorganización lo tuvo como principal protagonista, como
para la ciudadanía en general, sin distinción partidaria.
Con 23 años se inició en el periodismo como redactor
en "El Espíritu Nuevo", una revista estudiantil,
en pugna con el gobierno de fuerza de la época, comandado
por Latorre. En aquél entonces fue inaugurado en Florida
el monumento que conmemora la Declaratoria de la Independencia.
Esa circunstancia dio lugar al primer artículo de Batlle,
quien puso de manifiesto el contrasentido que suponía que
el propio dictador celebrara la fecha independentista de la Nación,
cuando el mismo había conculcado la independencia y la libertad
del pueblo.
En su afán de superación y de búsqueda personal
de nuevos horizontes que alentaran cambios radicales a la situación
que padecía el país durante el Militarismo, en 1880
realiza un breve viaje a Europa, estableciendo en España
y Francia contacto con los hombres y las aulas de la Sorbona y el
Colegio de Francia.
Allí se compenetró de las fuentes ideológicas
de su inquietud, lo que supuso una rica experiencia personal, que
le permitió imbuirse de las ideas liberales y la filosofía
de Kant, Krause y, especialmente, de Ahrens.
En las bases teóricas de esta filosofía liberal se
establecía una visión integral de la humanidad, en
la cual el hombre debía atender, en forma racional y armónica,
su vinculación a todas las instituciones existentes en la
sociedad humana: la familia, la amistad, el trato social, el Estado,
la Iglesia, la sociedad científica, la sociedad artística.
Ello supone un sistema social donde reviste importancia capital
el perfeccionamiento constante de los individuos, y, por ende, el
rol fundamental que debe desempeñar la educación de
los pueblos. A través de ella se debe desarrollar cuerpo
y espíritu, inteligencia y corazón, razón y
fe, juicio y memoria.
En cuanto al rol del Estado, debía ser comprendido como un
orden especial con la misión de mantener las justas relaciones
para la libertad y la asistencia recíproca, con tres funciones
básicas de cumplimiento simultáneo:
1°) respetar la existencia y sus actividades
propias de cada persona individual o colectiva;
2°) regular las condiciones de coexistencia entre las personas,
de manera justa y armónica, para mantener la paz en el
orden social; y
3°) desarrollar la ayuda y asistencia a las personas de la
sociedad, cuando no basta la acción privada y se dan condiciones
de generalidad de necesidades que ameritan la acción pública.
En esa fuente de inspiración
se reserva al Estado "
hacer accesibles a todos sus miembros
los bienes generales del orden intelectual, moral y físico
(instrucción, educación, vías de comunicación,
etc.); y a medida que adelanta la cultura de los pueblos, puede
aumentar el Estado el dominio de los bienes públicos cuyo
uso ofrece a sus miembros; pero el Estado nunca debe invadir la
actividad que ejercitan las diversas esferas para su fin especial".
Al respecto, en el centenario de su nacimiento, refiriéndose
al origen de las ideas de Batlle, Arturo Ardao expresó: "La
concepción de las relaciones internacionales, la concepción
del Estado, el principio de autonomía en el campo de la administración,
las ideas sobre las relaciones entre el capital y el trabajo, sobre
el derecho de propiedad, sobre la legislación social, sobre
las relaciones entre Estado e Iglesia, sobre laicismo educacional,
sobre matrimonio, divorcio, filiación natural y sucesión
expuestas en la obra de Ahrens, coinciden sustancialmente con las
que Batlle sostuvo y realizó".
Ciertamente, el propio Batlle en un ejemplar del libro Curso de
Derecho Natural de Ahrens, apuntó en 1913, en la mitad de
su segunda presidencia: "
en esta gran obra he formado
mi criterio sobre el derecho y ella me ha servido de guía
en mi vida pública".
En la obra del Cr. Jorge Buscio (2004) sobre Batlle, sostiene que
estas ideas de los autores alemanes que sirvieron de fuente inspiradora
a este último, no surgieron en forma aislada, sino que devienen
en el tiempo y encuentran puntos de entronque con las concepciones
liberales de la Revolución Inglesa del Siglo XVII como de
la Revolución Francesa del Siglo XVIII, bajo su conocida
proclama popular: "Igualdad, Libertad, Fraternidad".
En la misma publicación, y como parte de la formación
del pensamiento de Batlle, no deben dejarse de señalar las
raíces nacionales, que se nutren de la obra fundacional del
Gral. José G. Artigas, continuando con el Gral. Fructuoso
Rivera, el Gobierno de la Defensa, las enseñanzas de su padre,
Gral. Lorenzo Batlle, que fuera Presidente de la República
entre 1868 y 1872, y la interacción con su amigo Prudencio
Vázquez y Vega.
A su regreso al País, ingresó al Ateneo del Uruguay
y, desde las páginas del diario "La Razón",
que era leído por la mayor parte de la población y
llegaba a todos los rincones del territorio, desarrolló una
verdadera lucha política, como periodista, indómito
defensor de la libertad, contra la tiranía del Gral. Santos.
Las campañas de Batlle, junto a las de otros periodistas,
contra la dictadura, fueron formando una opinión pública
favorable a la resistencia a la opresión.
En su única experiencia de combatiente, cruzó a Buenos
Aires en compañía de su hermano Luis, y volvió
al Uruguay junto con un contingente de insurgentes, colorados y
blancos, integrando el Batallón Universitario formado por
jóvenes instruidos en armas en el vecino país, para
participar en una rebelión contra el régimen militar,
con la consigna de derrocar el Gobierno y convocar a elecciones
generales en el más breve tiempo posible.
El intento revolucionario, conocido
como "La Revolución del Quebracho", que se produjo
en mayo de 1886, fue rápidamente sofocado por el ejército
gubernista, pero paradójicamente, el clima social y político
instalado en el País culminó dándoles el triunfo,
sin violencia.
Liberado Batlle, un mes después, el 16 de junio de ese mismo
año, fundó el diario "EL Día", que
resultará mucho más eficaz que la resistencia armada,
para derrocar a la dictadura.
A los pocos meses de la derrota militar de la revolución,
en noviembre de 1886, el Gral. Santos dejó el poder, y semanas
después abandonó el País.
Para Batlle "La Revolución del Quebracho" fue el
acontecimiento más importante de su vida política.
Con ella se identifica el nacimiento del Uruguay moderno. Mucha
gente que intervino lo hizo bajo una concepción renovadora
y una visión clara del futuro país que querían
construir, que llegaría en las primeras décadas del
Siglo XX. Fue una obra conjunta que llevaron adelante integrantes
de los dos partidos fundacionales, con el objetivo de "
cambiar un tiempo por otro tiempo", en palabras de uno de sus
protagonistas, el Dr. Juan Campisteguy.
Ese episodio, que se ubicó por encima de los partidos tradicionales
y de intereses sectoriales, unido a la prédica de Batlle
desde "El Día" para difundir sus ideas reformadoras,
concluyó con la democracia más pura de América
Latina de 1900 en adelante, y Uruguay obtuvo genuino reconocimiento
como el país que lideró las reformas del sistema liberal
en el mundo, que no hizo más que afirmar la libertad real
en la sociedad.
Desde su diario, ya como ideólogo o polemista, ya desde la
oposición o como gobernante, desarrolló una fecunda
labor democrática y antidemagógica, hasta el fin de
sus días. Antepuso siempre la razón y la justicia
en cualquier decisión.
Sus ideas las plasmó a través de un estilo diáfano
y conciso, y con una argumentación sólida y humana,
que llegaba con facilidad al lector.
Producida la transición del Gral. Tajes, el 1° de marzo
de 1890 asume la presidencia Julio Herrera y Obes, quien en 1881
había publicado un programa del Partido Colorado y Batlle
comenzó lo que sería el inicio de su renovación
o, mejor dicho, de creación partidaria, apoyando este programa.
Este apoyo comenzó desde "El Día". Su intención
era que sus ideas de organización moderna del Estado, atendiendo
a lo social, defendiendo los derechos de los trabajadores, de la
mujer, de los niños y de los más desvalidos en general,
sólo serían viables si el pueblo las comprendía
y las apoyaba, no porque apoyara irracionalmente a un caudillo,
sino porque comprendería que, por primera vez, existía
una organización política que priorizaba sus necesidades
y lograba materializar los avances sociales, con el pueblo en las
calles.
Para que "El Día" resultara una publicación
accesible que llegara a la mayor cantidad posible de trabajadores,
rebajó su precio a un "vintén", quedando
así al alcance de amplios sectores de la población.
En su ideario, Batlle concebía al Partido como una organización
política capaz de funcionar por sí mismo, con base
popular, que adoptara un programa dirigido a satisfacer las aspiraciones
del pueblo y al cual debía someterse el Presidente de la
República, quien debía gobernar para todos los habitantes
del país, pero de acuerdo al programa por el que había
sido electo.
Decía Batlle: "El fin de los gobiernos es poner a la
República en condiciones de
ser grande y feliz; y el fin de los partidos es organizarse para
crear gobiernos que sean capaces de llenar su cometido. Son tareas
complementarias, armónicas; a los gobiernos les está
encargada la tarea del presente; a los partidos políticos
la preparación del porvenir."
En 1892 Batlle esbozó las ideas de lo que debía de
ser la estructura de su partido: de abajo hacia arriba, que completaría
posteriormente, estableciendo una pirámide que tenía
en su cúspide a la Convención, luego el Comité
Ejecutivo, los comités departamentales y los clubes seccionales,
verdaderos centros de civismo popular. La función de los
"clubes" era representar a los vecinos, desde los cuales
se constituiría un verdadero mandato popular al que debían
ajustar su acción los gobernantes. Su sentencia que corona
el recinto de la Sala de la Convención del Partido Colorado:
"La Historia de las Asambleas, es la Historia de la Libertad",
constituye el signo distintivo del pensamiento batllista en materia
de garantía, respeto y tolerancia por las opiniones diferentes.
Batlle se dedicó a organizar los clubes seccionales durante
1893 y "El Día" fue
el vehículo más importante para lograr este objetivo.
10 años más tarde, el 23 de enero de 1903, Batlle
publicó su programa de gobierno, el primero que conocía
el país desde su constitución como Estado Independiente.
La parte esencial de ese programa se puede sintetizar así:
a) legalidad electoral; derecho
de todos los partidos a gobernar, una vez obtenida la mayoría
correspondiente en los comicios, incluyendo un sistema eficaz
de garantías. Señaló la misión de
los partidos, tanto de gobernar como fiscalizar desde la oposición,
las actividades políticas, y ello sobre las bases de legalidad
y pureza electoral.
b) la lucha armada debería transformarse en lucha electoral;
en este sentido supo crear la conciencia nacional de que había
que trasladar las diferencias ideológicas a las mismas,
y no solventarlas sangrientamente;
c) política de partido: al efecto expresaba
que "Un partido no puede ser otra cosa que una colectividad
política que se constituye y entra en acción con
el propósito de servir al país mejor que las otras
colectividades existentes... Una política de partido no
puede ser, pues, más que una elevada política nacional,
la más elevada y patriótica que sea posible".
d) Reformas: en primer término, educar políticamente
a sus conciudadanos. Propugnaba una gran difusión de
la instrucción pública, "que forme ciudadanos
conscientes de sus derechos y de sus deberes; elementos sociales
de una moralidad elevada, hombres abiertos a todas las iniciativas
de progreso".
e) Libertad de prensa: al respecto decía:
"Considero que en un país de instituciones democráticas,
en que la opinión pública es el poder llamado a
resolver todas las cuestiones por medio de sus representantes
legales, la luz de la publicidad, una luz que alumbre el conjunto
y los detalles de los problemas que sea necesario dilucidar, es
tan necesaria para la vida cívica, como la luz del sol
para la vida de los organismos".
Como vemos, así quedaron plasmadas
las bases del comienzo de una nueva vida cívica, que abría
el camino a la construcción de un Estado moderno, y que comenzó
a materializarse a partir del 1º de marzo de ese mismo año,
1903, cuando Batlle asumía por primera vez la Presidencia
del Uruguay, y tiene lugar el ciclo de reformas que se dieron en
el País, a lo largo de casi 25 años.
Agudo hombre de su tiempo, con sentido neoliberal y socializador,
y honradez indiscutida, supo resolver en toda circunstancia los
problemas dentro de la legalidad, atento siempre a la dignidad humana
y al progreso en todos los terrenos que nivelara las desigualdades
y concediera oportunidades a todos.
Concibió al Estado como protagonista activo de la economía
y, con ese fin, impulsó la creación de empresas públicas
y la estatización de áreas vitales de la actividad
nacional, como los bancos República e Hipotecario, los transportes,
las comunicaciones y la producción de energía eléctrica.
Durante 40 años fue dentro del Partido Colorado el hombre
clave para resolver los problemas de su país, tanto en tareas
legislativas como ejecutivas.
El 20 de octubre de 1929, fallece José Batlle y Ordoñez.
Tal como lo cita el ex Vicepresidente Luis Hierro López en
su obra de 1977, "Fue al mediodía y estaba sólo.
Habrá recostado por última vez su formidable cabeza
de gladiador sereno - cabellos canos y lacios, riguroso perfil de
bondad y fuerza - pensando en el mañana".
Su sepelio dio lugar a la mayor expresión de duelo colectivo
que se conoce en el país, hasta nuestros días.
A la distancia que ponen los años transcurridos y en homenaje
a la grandeza que caracterizó la vida y obra de Don José
Batlle y Ordóñez, recordémoslo en este momento
en su plena vitalidad, como en 1906, cuando en una publicación
de "El Día" afirmó: "Yo considero que
en países como el nuestro, donde el problema de la libertad
está ya resuelto, es necesario empezar a resolver los problemas
sociales", cuya vigencia nos alcanza y compromete hoy, como
hace más de 100 años agitaba el ánimo y las
expectativas de este brillante estadista, que forma parte de la
mejor legión de hijos dignos que ha dado nuestra Patria.
Muchas gracias.
Montevideo, 27 de mayo
de 2011.
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