JOSÉ BATLLE Y ORDÓÑEZ
150 AÑOS DE VIDA
21 de mayo de 1856 - 21 de mayo de 2006

Anotaciones para una cronología de su vida y su obra
Alba Cassina de Nogara

APENDICE DOCUMENTAL

SEUDONIMOS

BATLLE escribió muchas veces con seudónimo. Utilizó los siguientes. NESTOR, NEMO, N, WHIP, JUDAS, FRUTOS, FLAG, LAURA.

Anotaremos la fecha y los títulos de algunos artículos con los seudónimos usados.

8 de enero de 1892 - “Independientes”. NESTOR.

16 de abril de 1892 - “La resurrección”. JUDAS.

3 de octubre de 1896 - “La unión del Partido Colorado”. NESTOR.

6 de enero de 1903 - “Tragaldabas electorales”. WHIP.

4 de enero de 1905 - “Palo porque remas y porque no remas, palo”. NEMO.

27 de abril de 1906 - “La cuestión del miedo”. NEMO.

24 de julio de 1906 - “Sobre Liebig”. N.

24 de agosto de 1911 - “Dura lección”. FRUTOS.

14 de marzo de 1912 - “El voto de las mujeres”. LAURA.

18 de marzo de 1912 - “En defensa de la mujer”. LAURA.

20 de marzo de 1912 - “En defensa de la mujer”. LAURA.

26 de marzo de 1912 - “En defensa de la mujer”. LAURA.

3 de abril de 1912 - “En defensa de la mujer”. LAURA.

8 de abril de 1912 - “En defensa de la mujer”. LAURA.

11 de abril de 1912 - “En defensa de la mujer”. LAURA.

20 de agosto de 1915 - “Quisi cosas nacionalistas”. NEMO.

21 de agosto de 1915 - “Sobre los extranjeros”. NESTOR.

23 de agosto de 1915 - “La compra de votos”. NESTOR.

25 de agosto de 1915 - “La obstrucción” ¿Es moral?. WHIP.

27 de agosto de 1915 - “Muy entretenido”. WHIP.

5 de setiembre de 1915 - “Sobre la reforma”. NESTOR.

19 de setiembre de 1915 - “Una marcha”. NEMO.

24 de setiembre de 1915 - “Colaboraciones. Orientación necesaria”. FLAG.

25 de setiembre de 1915 - “El gatuperio de Florida”. WHIP.

29 de setiembre de 1915 - “Exámenes de conjunto”. NESTOR.

1º de octubre de 1915 - “Saravia y su popularidad”. NEMO.

7 de octubre de 1915 - “Prédicas turbias”. WHIP.

17 de octubre de 1915 -“La jornada de ocho horas”. NEMO.

20 de octubre de 1915 - “La jornada de trabajo. El primer debate en el Senado. Las ideas del Dr. Gallinal”. NEMO.

22 de octubre de 1915 - “Homeopatía electoral. El anticolegialismo colorado”. WHIP.

22 de octubre de 1915 - “La jornada de ocho horas. Un pensamiento que se define”. FLAG.

24 de octubre de 1915 - “El horario obrero. Mal humor nacionalista”. NEMO.

30 de octubre de 1915 - “Los empleos públicos y las opiniones políticas”. NEMO.

30 de octubre de 1915 - “Militarismo y barbarie”.FLAG.

31 de octubre de 1915 - “Las ocho horas. Mal humor nacionalista”. NEMO.

4 de noviembre de 1915 - “La semana de seis días”. NESTOR.

8 de noviembre de 1915 - “¡También en control!”. NESTOR.

10 de diciembre de 1915 - “Lo de Rivera. Silencio tombolista. Algunas cosas viejas”. WHIP.

22 de diciembre de 1915 - “El colegiado. Enfurecimiento contubernal. Críticas sin ton ni son”. NESTOR-

23 de diciembre de 1915 - “Sobre la reforma. Las ideas de antes y las de ahora”. NEMO.

26 de diciembre de 1915 - “Suiza y nosotros”. NEMO.

30 de diciembre de 1915 - “El colegiado en la Argentina. Sobre un artículo de “La Nación” de Buenos Aires”. NEMO.

4 de enero de 1916 - “El colegiado en la Argentina. Sobre un artículo de “La Nación” de Buenos Aires”. NEMO.

5 de enero de 1916 - El colegiado en la Argentina- Sobre un artículo de “La Nación” de Buenos Aires”. NEMO.

17 de enero de 1916 - “El pan de los viejos”. NEMO.

17 de enero de 1916 - “Sobre fraudes electorales. Denuncias irrisorias”. FLAG.

17 de enero de 1916 - “El tombolismo aumenta. Adhesión del tábano”. WHIP.

20 de enero de 1916 - “Un paralogismo contra el plebiscito”. NEMO.

27 de octubre de 1919 - “Socialistas y colorados. Ideas de “El Bien Público”. FLAG.

10 de noviembre de 1919 - “Con el Dr. Frugoni”. NESTOR.

24 de enero de 1921 - “Lucha de clases. La violencia por método”. FLAG.

26 de enero de 1921 - “Peligro de los obreros”. FLAG.

4 de febrero de 1921 - “Lucha de clases”. FLAG.

6 de febrero de 1921 - “El olvido de los buenos”. NESTOR.

21 de diciembre de 1922 - “La reforma electoral”. NESTOR.

3 de febrero de 1924 - “Defensa militar”. FLAG.

2 de marzo de 1924 - “Cultura física”. NEMO.

6 de marzo de 1924 - “Conducta riverista”. NEMO.

12 de marzo de 1924 - “Conducta riverista”. NEMO.

18 de marzo de 1924 - “Conducta riverista”. NEMO.

20 de marzo de 1924 - “Conducta riverista”. NEMO.

21 de marzo de 1924 - “El servicio militar. Monólogo bolshevike”. WHIP.

25 de marzo de 1924 - “Conducta riverista”. NEMO.

31 de marzo de 1924 - “Conducta riverista”. NEMO.

22 de julio de 1926 - “La realidad”. (De nuestra edición de la tarde) NESTOR-

23 de julio de 1926 - “Contestando a “El Telégrafo”. NESTOR.

25 de julio de 1926 - “El acuerdo”. NESTOR.

26 de julio de 1926 - “El derecho a la Presidencia”. NESTOR.

27 de julio de 1926 - “El acuerdo”. NESTOR.

28 de julio de 1926 - “El respeto a la Convención”. NESTOR.

29 de julio de 1926 - “La importancia de la Presidencia”. NESTOR.

30 de julio de 1926 - “El prestigio de la Convención”. NESTOR.

31 de julio de 1926 - “Declaraciones del Sr. Soca”. NESTOR.

3 de agosto de 1926 - “Colegialismo y presidencialismo”. NESTOR.

13 de agosto de 1926- “Sobre morales”. FLAG.

Los seudónimos empleados por BATLLE están anotados teniendo en cuenta los artículos de su autoría en los que fueron utilizados, referidos en las obras de consulta, en especial en Batlle y el Batllismo y en los libros del Prof. Vanger; en la lectura de muchos de ellos en la micro-filmación de “El Día” y en el generoso aporte que nos hiciera llegar el Prof. Daniel Pelúas.

DEL CATOLICISMO AL RACIONALISMO ESPIRITUALISTA

Del libro de Arturo Ardao, “BATLLE Y ORDÓÑEZ y el Positivismo Filosófico, Montevideo, 1951, págs. 31 y siguientes, transcribimos: “Batlle y Ordóñez, por tradición familiar, fue inicialmente católico. Lo fue hasta la edad de veinte o veintiún años, o sea, habiendo nacido el 21 de mayo de 1856, hasta los años 1876 ó 1877. Lo atrajo entonces a su cauce la corriente racionalista.

El mismo Batlle, muchos años después, en el curso de una de sus luchas anticlericales, documentó esa evolución personal. Lo hizo en la siguiente nota periodística que los doctores Giúdice y González Conzi reproducen en su citada obra (pág. 69):

“A los 19 años yo era católico, esto es, no había abandonado la religión en que se me había criado. Mis padres eran católicos; pero con un catolicismo que no iba a la Iglesia ni andaba con curas. A mí se me había enseñado el Padre Nuestro, que aun recuerdo y llegué a saberlo también en inglés, aprendido en una escuela protestante; el Credo, que no recuerdo bien, y nada más. Se trató de hacerme confesar cuando tenía ocho o diez años; pero el poco empeño de mis padres en que lo hiciera y el mío en no hacerlo, dieron por resultado el que no se realizase nunca aquel acto. No recuerdo haber hablado en mi niñez, con más curas que el Padre Estrázulas, muy conocido entonces, pues administraba la homeopatía y algunos otros remedios, y solía asistirme cuando yo estaba enfermo.

Con estos antecedentes católicos empecé a cursar el bachillerato en la Universidad, donde la muchachada era casi toda liberal. Mi catolicismo fue pronto conocido, porque yo me quitaba el sombrero al pasar, a la vuelta de la Universidad, frente al Cristo de la Iglesia de los Ejercicios, afrontando las burlas de unos y los argumentos de otros y sintiéndome más impresionado por los argumentos que por las burlas.

Se aproximó entonces a mí Augusto Serralta, fallecido aun joven, católico militante y estudiante distinguido, con quien trabé amistas. No sé si fui socio del Club Católico y creo probable que lo haya sido. Mi amigo Serralta debió, sin duda, incluirme en las listas de los miembros de aquel Club que concurrían a su sostenimiento. Ese Club ha de deberme, pues, algunos pesos con sus intereses que yo debí darle sin saber lo que hacía, y creyendo que allí, como se me decía, se veneraba a un dios infinitamente poderoso, inteligente y justo.

Pero, de lo que estoy seguro, es de que jamás puse los pies en su local por aquel tiempo, aun cuando, si hubiese autorizado mi enrolamiento como socio, no hubiese tenido nada de extraño que concurriese a alguna sesión o fiesta. Estoy cierto de que en los diarios de la época no ha de encontrarse nada que me contradiga.

A los veinte años o entre los veinte y los veintiuno yo había dejado de ser católico. Por primera vez, en aquel tiempo, examiné mi religión; la reputé absurda y grotesca. Y entonces, sí, fui alguna vez al Club Católico; pero lo hice formando parte de una banda de juventud que, encabezada por Vázquez y Vega, con cuya amistad me honraba y cuya memoria venero, solía ir al Club Católico, creado por Mariano Soler, el que fue Obispo, que era estudioso, dado a la filosofía y tenía gusto en discutir de viva voz con los incrédulos del Club Uruguay (debe decir Club Universitario), hoy Ateneo, a quienes invitaba a controvertir con él sobre las verdades de la fe. Era la época de Latorre. La prensa estaba amordazada. No se podía hablar de política ni mucho menos de los crímenes que se cometía. Pero podía hablarse de la religión y criticarla. En consecuencia, se inició una época en que no se hablaba de otra cosa. El tirano salía, sin falta, con su gran capote gris azulado con vivos verdes y kepí con el Nº 1 del 1º de Infantería, en que había hecho su carrera, con un cirio en la mano y gran aire de contrición, a la cabeza de las procesiones que frecuentemente recorrían las calles de la ciudad, y la policía obligaba a descubrirse a las personas que las procesiones hallaban a su paso; pero la prensa podía decir a Dios y a sus ministros cuanto quería.

Se hablaba largamente, pues, de religión en el Club Uruguay (debe decir Club Universitario) al que concurrían personas de los dos sexos, y en el Club Católico; y los liberales .Vázquez y Vega, Dufort y Alvarez, Juan Paullier, Manuel Otero, Daniel Muñoz y algunos otros- habían giras por campaña predicando sus ideas”. De acuerdo con esta declaración, en 1877 con seguridad –estudiante entonces de la Facultad de Derecho- Batlle ya no era católico. Se había incorporado a la juventud racionalista que surgía como sucesora de la que había sostenido el Club Racionalista de 1872.”


Este artículo de BATLLE, escaneado del original, está transcrito en la pág. 104.



Carta autógrafa del Sr. Batlle y Ordóñez, publicada en la revista mensual “El Batllismo” (año 1, Nº 4), de fecha 20 de febrero de 1930. Director: Ricardo E. Jannicelli.

EL DIA – Viernes 9 de Enero de 1920.


SOBRE UN PLAN DE ATENTADO
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(De nuestra edición de la tarde)

El señor Batlle y Ordóñez, dice “El País, no tenía hasta ahora perfiles siniestros; por sus planes puestos en práctica para perpetuarse en el poder, mereció que se le llamase el Porfirio Díaz del Uruguay; pero ahora intenta dárselos con la amenaza del cuartelazo para apoderarse nuevamente del gobierno de la República.

“El País” demuestra con esas palabras que no ha tenido idea jamás del sentido de su propaganda contra el señor Batlle y Ordóñez ó que ha pensado una cosa y ha dicho otra. ¿Cómo no tenía perfiles siniestros el hombre que, según “El País” ensangrentó la República en 1904, faltando abiertamente a sus compromisos, deseoso de imponer en todo su arbitraria voluntad? ¿Cómo no tenía perfiles siniestros el hombre que, según el mismo diario, no ha tenido durante quince años más pensamiento que el de someter á sus conciudadanos á su tiránica voluntad, exponiéndolos á sufrir todo género de males? ¿Cómo no ha tenido perfiles siniestros el ciudadano á quien se designa con el nombre del tirano sangriento Porfirio Díaz? ¿Quién es el don Bobo de “El País” que puede pensar y decir cosas como éstas?

El señor Batlle y Ordóñez jamás ha querido lanzar á la República á los desórdenes del motín. Si, en tiempos del señor Cuestas, proclamó por la prensa, abiertamente, sin disimulo alguno de su pensamiento, la necesidad de la dictadura, fue porque aquellas Cámaras de Idiarte Borda, no tenían de Cámaras más que el nombre, y era necesario desalojarlas de donde se hallaban para establecer en lugar de ellas la verdadera representación nacional. Y, si, en tiempos anteriores, proclamó durante años enteros, con peligro de su vida, la necesidad de la revolución y conspiró sin descanso contra los gobiernos establecidos, fue porque aquellos gobiernos carecían de toda base de legalidad y eran, á veces, atroces tiranías. Fuera de esos tiempos, el señor Batlle y Ordóñez ha sido siempre un partidario decidido del orden institucional; ha propendido siempre a que este orden fuese respetado, y no ha tenido otra preocupación que la de contribuir á que se haga de su país una democracia cada vez más libre.

Su activa propaganda y su gran esfuerzo para suprimir la presidencia de la República, y su misma disposición actual á prestar todo su concurso á la realización de esa obra, ha tenido por una de sus principales finalidades la de sacar la fuerza pública de manos de un funcionario de cuyos caprichos ó pasiones dependía en todo momento la libertad de la República.

Y el señor Batlle y Ordóñez ha perseverado en la tarea de esta obra de paz y legalidad, frente á adversarios enconados hasta el delirio, injustos hasta la preconización del atentado personal, que proclamaban la revuelta y el motín contra los poderes constituídos como el único medio legítimo de acción, y que no han aceptado los procederes legales y pacíficos sino cuando se los ha infundido la convicción de que ningún otro podría darles resultado!

El señor Batlle y Ordóñez no ha tenido más que una intervención moderadora en los acontecimientos que se han desarrollado desde que se instituyó el gobierno constitucional del señor Cuestas hasta ahora, y jamás ha proclamado como medio de acción el fraude ó la violencia. Las causas que determinaron su definitivo alejamiento del doctor Viera, aliado ahora de los nacionalistas, fueron los fraudes electorales cometidos en las postrimerías de su gobierno por este ciudadano, contra los que el señor Batlle protestó en una reunión de la Comisión N. Colorada, y los atentados policiales de Santa Clara; y nadie podría acusarlo con justicia de haber tenido parte en la formación de ningún plan subversivo. Acató sin vacilaciones á la Asamblea Constituyente, á pesar de la derrota de su partido, que podía mirarse como el resultado de un fraude hecho en vasta escala, al amparo de las imperfecciones de la ley electoral que se aplicaba por primera vez, y no propuso ni aceptó otro medio para inducir á la fracción nacionalista de aquella Asamblea á aceptar el colegiado que el de hacer concesiones sobre la composición de éste, su forma de elección, etc., y el perfectamente legítimo de la proclamación de su candidatura presidencial para el caso de que no hubiera acuerdo, que era amenazar al nacionalismo con lo que más abominaba y tenía.

El señor Batlle y Ordóñez no ha sido, pues, nunca, partidario de las subversiones, ni lo es ahora, ya sean estas realizadas por ciudadanos enloquecidos por conquistar el poder, ya por gobernantes obstinados en conservarlo ó extenderlo, y su deseo es someterse él mismo y que todos se sometan al imperio de las leyes, lealmente aplicadas. Y en esta disposición permanente de su espíritu no puede considerar sin indignación la trapisonda que se pretende efectuar por intermedio de la Cámara Departamental de Montevideo para apoderarse del gobierno de este departamento. No hay ninguna ley ni reglamento que autorice una subversión semejante á la que se proyecta, y esa subversión no ha podido proyectarse sino con un fin atentatorio á los derechos de los demás. Si la elección ha sido totalmente viciada debe anularse en masa y nuestro partido no negaría sus votos á una solución de esa especie; si no ha sido totalmente viciada, lo que corresponde es examinar los votos que han sido depositados en las urnas, y aceptar los buenos y anular los malos. No hay otro procedimiento legal.

A última hora parece haber comprendido esto el Nacionalismo y ha abandonado su plan de acción primitivo, que resultaba descarado en demasía. Pero no ha desistido de su intención de cometer un atentado y ha sustituído ese plan por otro menos franco, que conduce al mismo fin: el de “La Mañana”, también aliada en esto de los nacionalistas, que consiste en aplazar indefinidamente la discusión de los poderes de los representantes de la Unión Colorada, lo que equivale á anular los votos buenos ó malos que se dieron por estos representantes, y de la mayoría de la Cámara Departamental á los nacionalistas, asistidos por riveristas, vieristas, iruretas y católicos; aplazamiento que nada autoriza, ni las leyes ni las reglamentaciones y solo arbitrariamente puede decretarse.

Se dice que la Cámara Departamental es, en estos asuntos, juez de primera instancia; pero los jueces de primera instancia no tienen el derecho de hacer barbaridades; deben, al contrario, cumplir la ley, aplicada con espíritu de justicia; y si no lo hacen se exponen á ir á la cárcel. Se agrega que la Cámara Departamental es juez privativo de la elección de sus miembros; pero esto significa solo que resuelve en definitiva; y no que pueda hacerlo con desprecio de las leyes y de la razón, é inspirándose en intereses de bandería, ni que deban ser acatadas resoluciones así adoptadas.

Se habla por fin de precedentes y de aplazamientos abusivos de discusión de poderes. Y esto es verdad: no una sino varias veces se ha aplazado la consideración de los poderes de un diputado ó senador, y este aplazamiento ha sido excesivo ó poco justificado. Tales abusos nunca han dejado de provocar censuras y á nadie se le ha ocurrido tomar su defensa. No han provocado hondas exaltaciones ni revoluciones, porque no herían los grandes intereses de una colectividad; pero podrían haberlas provocado, si eso hubiese ocurrido. Supongamos, por ejemplo, el aplazamiento indefinido ó por largo tiempo de los poderes de un grupo de diputados nacionalistas bastante considerable, para que ese partido se viese despojado de la influencia que ejerce en el Cuerpo Legislativo; supongamos que, en el tiempo en que la Asamblea General elegía presidente, se le hubiese privado en esa forma, de un número de votos decisivos. El Partido Nacionalista - ¿no habría, por tales motivos, proclamado inmediatamente la revolución?- Y, esa vez, ¿no habría tenido el derecho de proclamarla?. ... Pues en el caso actual, el aplazamiento que se proyecta no tiene otro objeto que el de apoderarse atentatoriamente del gobierno de Montevideo.

Se dice que el batllismo recurrió algunas veces á esos aplazamientos. No. Nunca fueron inspiradas tales cosas por el señor Batlle y Ordóñez. Ponemos por testigos á los que hoy son sus adversarios y actuaron en otro tiempo con él. Los desafiamos á que acusen al señor Batlle y Ordóñez de un hecho semejante. Además, cuando esos aplazamientos se produjeron, no afectaron jamás intereses tan vastos como afecta el proyectado.

El señor Batlle y Ordóñez ha vivido ha una larga vida pública y, habiendo procedido en toda ella, siempre, con más rectitud que la casi totalidad de sus adversarios y con tanta como el que más, puede con frecuencia, reforzar sus razonamientos con ejemplos sacados de su propia conducta y conocidos por muchas personas. A principios de 1903, cuando se luchaba por el triunfo de su candidatura á la presidencia de la República, dos diputados contrarios, partidarios del señor Mac-Eachen, debían entrar en la Cámara. Parecían, en aquel momento, los votos decisivos que iban á asegurar el triunfo del adversario. Y... se podía hacer obstrucción á la discusión de sus poderes ... se podía impedir que fuesen aprobados á tiempo ... el aplazamiento era la victoria asegurada.

Lo recordamos con dolor: no fueron pocos los que se dejaron tentar por el éxito, que se presentaba seguro, después de la mala acción. Pero el señor Batlle y Ordóñez conceptuó que aquello no sería otra cosa más que una indecente jugada, un atentado indisculpable, como el que se quiere cometer ahora, y se opuso resueltamente á que se cometiese. la Cámara sin embargo era juez privativo.

Este hecho debe ser recordado por el doctor Juan Andrés Ramírez, que era entonces partidario de la candidatura del señor Batlle y Ordóñez, que visitaba á éste con frecuencia, y que, si no recordamos mal, no participaba en el caso de las ideas del señor Batlle y Ordóñez.

En vista de todas las consideraciones y hechos expuestos ¿no tiene el señor Batlle y Ordóñez suficiente razón y autoridad moral, para decir: esto no debe hacerse, no puede hacerse y, si se hace, no debe ser acatado?

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El mismo diario, en un suelto bastante desacertado dice que el señor Batlle y Ordóñez pedía, en 1902, que se cometiese la misma tropelía que ahora quiere cometer la Cámara Departamental con los poderes de unos diputados que había hecho elegir el señor Cuestas.

El señor Batlle y Ordóñez no pedía entonces ningún aplazamiento: lo que pedía era que se proclamase el triunfo de su lista legítimamente obtenido. Pero los nacionalistas votaron por el triunfo de la coacción oficial.


Ultimo artículo de BATLLE en EL DIA el 11 de octubre de 1929


MONTEVIDEO, Viernes 11 de Octubre de 1929.

INTERIOR
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Sucesos internacionales de 1904

El Nacionalismo está empeñado en armar un gran escándalo a propósito de ciertas medidas de política internacional adoptadas por nuestro Gobierno, durante la revolución de 1904, y no sabe a ciencia cierta qué es lo que busca, al colocar en apuros al gobierno de ese entonces a crearle dificultades al país en sus relaciones con países vecinos, sacando para ello a los incidentes que fueron enojosos, pero que por suerte ya no volverán.

Nosotros no hemos hablado a este respecto, no porque pueda ser criticada la actitud de nuestro gobierno en defensa de la soberanía nacional; tampoco por cuestión política interna, pues la actitud de los dirigentes revolucionarios en ese entonces, fue muy reprochable y muy seguramente hoy, viviendo los días de paz que corren, este reproche se acentuará aún, pues la discusión de lo actuado en 1904, colocará al gobierno en situación inmejorable frente al adversario tradicional. No hemos hablado, repetimos, porque no es función de la prensa ni de los partidos políticos, el estar revolviendo día a día las desavenencias habidas con gobiernos extranjeros, lo que tendría, como único resultado, al crear obstáculos a las buenas relaciones que deben reinar de nación a nación.

La acción de la prensa y de los partidos en lo que respecta a nuestra amistad con los países extranjeros, debe ser el afianzar más la unidad de acción y la concordancia en los buenos propósitos de paz y de progreso; y esto no podrá conseguirse, si un grupo político cualquiera se empeña, para poder hacer su plataforma electoral, en revivir cuestiones enojosas que desgraciadamente han podido existir en nuestras relaciones con otros países vecinos, mal éste del cual no se ha escapado ninguna nación del mundo.

Bien lucida estaría nuestra República si nuestro partido y otras fracciones políticas siguieran al Empresismo en su política desatinada de acusaciones, reviviendo todos los actos de política internacional realizados en sus cien años de independencia. A buen seguro, en dos meses de locura frenética de acusaciones y más acusaciones, habríamos perdido esta posición inmejorable de amistad que tenemos y vivimos con los países hermanos.

¿Qué opinión nos podríamos formar nosotros de un partido político que en la Argentina no hiciera otra cosa que recordar los incidentes disgustantes habidos en otra época entre su país y Chile, o con el Brasil, o con el Paraguay, o con el Uruguay?. ¿Cuál sería el prestigio de un partido en Francia, que no tuviera otra actividad que sacar a las cuestiones enojosas producidas entre este país y otros de Europa?. ¿Acaso es patriótica y plausible esta actitud de no dejar en olvido hechos desagradables?. En las relaciones particulares, ¿qué es lo que se opina de esos hombres que sólo se ocupan de enemistar personas?. Bien se sabe que a los enredistas, todos escapan y los desprecian.

Para nosotros, la política internacional se reduce a olvidar lo malo y recordar lo bueno, y sobre todo, es, en su fundamento, continuar haciendo mucha obra buena, fomentando el amor y la amistad entre los pueblos, en bien nuestro y de la humanidad.

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Antes que nada, debemos decir que nuestro gobierno en 1904, no sintió nunca la enemistad de la República Argentina como nación, como pueblo sino la del gobernante Roca, y la de su ministro en Montevideo, doctor De María, azuzados uno y otro por personajes de la revolución, los que habían lanzado en forma insensata a ese gobernante a apoyar la revuelta, perdiendo así la neutralidad a que estaba obligado por las leyes internacionales o intentando desconocer nuestra soberanía y la absoluta libertad para dirimir nuestros pleitos civiles, sin la intervención de ningún poder extranjero.

Si bien es cierto que el general Roca tenía una predisposición natural a intervenir en nuestras cosas, justo es decir que los dirigentes de la revolución, que cifraban grandes esperanzas de éxito con su ayuda, lo estimularon de mil maneras a que él perdiera esa neutralidad a que estaba obligado. Los revolucionarios no titubearon en dar ese paso de inducir a un gobierno extranjero a desconocer nuestra soberanía, con todo el peligro que esto importaba para nuestra libertad, en la persecución de adueñarse del gobierno de la República.

Si criticable fue la actitud del general Roca, mucho más criticable fue la de los revolucionarios que se hicieron reos de lesa patria, ya que siendo ciudadanos uruguayos no dudaron en colocar a nuestro país, pequeño y débil, ante la gran fuerza argentina, en la terrible situación de abocarse a una guerra internacional con todos los peligros y perjuicios que esto podía traer a nuestra felicidad e independencia.

Los sucesos internacionales de 1904 se pueden sintetizar en dos palabras: el presidente Roca, dispuesto, por reciprocidad del apoyo que le prestaban los nacionalistas para defenderse y combatir al partido Radical, a auxiliar a la revolución y los revolucionarios impulsando al presidente Roca a intervenir en nuestro país, en su provecho.

Nuestro gobierno tuvo que defenderse así de la revolución, no sólo en los daños que causaba al país en su vida interna, sino de los peligros que ésta le creaba desde el extranjero, colocando a nuestra República, muchas veces, al borde de guerras internacionales.

El gobierno supo vencer a la revolución, y supo también liquidar estas dificultades internacionales, diríamos, casi en forma amistosa, por lo menos en forma pacífica y digna.

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El presidente Roca prestaba decidido apoyo a la revolución y el ministro argentino en nuestro país, señor De María, había convertido la Legación en un refugio de revolucionarios y desertores, no haciendo caso a las observaciones que nuestro gobierno le hacía por la incorrección que su ponía esa ayuda a los ciudadanos conspiradores contra el orden público.

La inviolabilidad de la Legación, fue utilizada por el ministro De María, a favor de los intereses revolucionarios, y un día y otro también se presentaba este diplomático al Ministerio de Relaciones Exteriores pidiendo salvo conductos para personas albergadas en la Legación y de las cuales tenía la absoluta seguridad nuestro gobierno que irían a engrosar las filas revolucionarias una vez fuera de nuestro país.

Nuestro gobierno protestó una y mil veces ante el gobierno de Roca por la tolerancia de las autoridades de ese país, a la formación de grupos revolucionarios que se constituían en la otra orilla del río Uruguay, y en una oportunidad llegó a hacerle presente que habían sido retiradas armas del Parque Nacional del Ejército argentino para uso de las fuerzas revolucionarias, y no obstante concretarse estos hechos, y no obstante hacer sentir también cierta prensa local su discrepancia con esta complicidad del gobierno argentino con las huestes revolucionarias, que quebraba las inflexibles normas de neutralidad que ese país había impuesto siempre frente a disturbios de países vecinos, el general Roca continuaba facilitando todo lo que la revolución le pedía.

El comité revolucionario ejercía gran influencia ante el general Roca y su secretario particular, el señor Agustín de Vedia, militante nacionalista y que, al decir de muchos, era candidato presidencial de este partido para el caso en que la revolución resultara triunfante, también intervenía cerca del presidente argentino para que no respetara nuestra soberanía.

Las relaciones entre nuestro gobierno y el argentino se hacían cada día más tirantes, y el presidente Batlle se veía en la necesidad de presentar nuevos obstáculos a esos salvo conductos, que el ministro argentino pedía, para enviar al país de enfrente los exilados políticos que él albergaba en la Legación. Así fué que llegó un día en que el ministro argentino pidió un pasaporte para el señor Pampillón, hombre de prestigio en las huestes revolucionarias y del que se sabía con absoluta seguridad que, escapando el contralor del gobierno, iría a reforzar la revolución. El gobierno negó al ministro argentino este pasaporte por él pedido, cosa que molestó al diplomático De María y lo hizo repetir este pedido día por día ante el ministro de Relaciones Exteriores, doctor Romeu, es claro que siempre con el mismo resultado.

A tal punto el ministro De María se empeñaba en llevarse a Pampillón, que un buen día hizo saber a nuestro ministro de Relaciones Exteriores que él sacaría al señor Pampillón en su carruaje, para llevarlo hasta el puerto y embarcarlo allí en una de las naves de guerra del país vecino, surtas en nuestra bahía. Se le contestó a esto que nuestro gobierno no impediría que el doctor De María hiciera pasear en su coche al señor Pampillón, pero que tuviera presente que, así descendiese del carruaje, la policía lo tomaría prisionero.

A esta altura, con estos incidentes y otros más, las relaciones entre nuestro gobierno y el general Roca, se hacían difíciles, y todo ello era provocado por los revolucionarios, que anhelaban afanosamente la intervención de Roca en nuestro país, en toda forma.

El ministro argentino, doctor De María creaba, por su parte, un día sí y otro también, nuevos y enojosos incidentes por el salvo conducto del señor Pampillón, hasta que una tarde llegó al presidente Batlle, de fuente fidedigna la noticia de que Roca había autorizado a su ministro a pedir protección a su escuadra, si el gobierno del Uruguay se negaba a otorgar ese salvo conducto para el caudillo Pampillón.

Esto era la guerra internacional, pues en aquellos instantes, un encuentro, en la ciudad o en el puerto, entre fuerzas argentinas y uruguayas, en disputa del señor Pampillón, habría provocado un conflicto de magnitud irreparable.

Veinticuatro horas más tarde de esta noticia, se presentó en la casa del Presidente de la República, el secretario de la Legación Argentina, para pedir nuevamente el pasaporte, contestándole el presidente Batlle en persona, que se lo llevara a Pampillón de una vez y que lo dejara tranquilo, conjurando así, de esta manera, el peligro inminente porque pasaba nuestro país, desconocido y atacado por el gobernante Roca.

¿Cuál era la situación de nuestro gobierno frente a la actitud del general Roca?. ¿Hasta dónde llegaría la próxima intervención de este presidente en nuestras cosas? ¿Qué garantía podía tener nuestro gobierno de la neutralidad del presidente argentino? ¿Era posible que los revolucionarios consiguieran, al fin, la intervención armada de Roca, como ellos lo deseaban?

Frente a estos actos y a esta incertidumbre, y en defensa de nuestra libertad, fue que nuestro gobierno pasó una comunicación a otros gobiernos extranjeros, haciendo referencia de estos hechos, y al ministro del Uruguay en Norte América se le pidió hiciera saber al gobierno de ese país, que el nuestro vería complacido la presencia de buques americanos y la influencia que estuviera inclinado a ejercer en el Plata, para que los países observaran la debida neutralidad.

El ministro americano hizo saber al presidente Batlle, pocos días después, que el propósito de su gobierno era no intervenir en las cosas de estos países, pero que le comunicarían al gobierno argentino el deseo que Estados Unidos tenía de que nuestra autonomía fuera respetada.

Por ese mismo tiempo, el gobierno brasileño se disponía a cumplir las leyes de neutralidad, que hasta ese entonces tampoco había observado fielmente, y parece que una y otra cosa indujeron al general Roca por el buen camino, apartando de sí las sirenas revolucionarias que lo exhortaban a intervenir en nuestro país.

Nuestro gobierno pudo concretarse entonces a las andanzas de las fuerzas revolucionarias, terminando con la montonera en la forma por todos conocida.

Y así se inició el año 1905, rehechas las relaciones con el gobierno argentino y terminada la causa de todos los males: la revolución.

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La filosofía de estos sucesos político - guerreros es que, mientras los revolucionarios buscaban el apoyo de un gobernante que no sabía cumplir con su deber en el caso, para inducirlo a intervenir en nuestras cosas desconociendo nuestra soberanía, el gobierno de la República pedía, en cambio, a un país amigo, su influencia para que en estas regiones del Plata se observara la debida neutralidad, lo que era, en buenas palabras, inducir a que cada uno conservara su soberanía y todos reconocieran la soberanía de los demás.

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Estos son los hechos diplomáticos de este episodio político, que marca diferencias claras que honran a ciertos ciudadanos y que culpan a otros.

(Este fue el último artículo publicado por BATLLE en EL DIA)

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El Sr. José Batlle y Ordóñez

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Prosigue siendo satisfactorio el estado de salud del Sr. José Batlle y Ordóñez.

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Artículo incompleto de BATLLE, manuscrito (fecha aún no determinada), donde destacamos su definición de POLITICA.

Artículo en poder de mis nietos donado por Luis Franzini Batlle.

Inauguración del primer club político de la 11ª y 17ª sección de Piedras Blancas, denominado “José Batlle y Ordóñez”, el 12 de octubre de 1918. Se situaba en la entonces calle Abrevadero s/n (hoy Tte. Rinaldi) casi camino Cuchilla Grande (hoy Av. José Belloni).

Aunque la adhesión de las familias Cassina y Bomio a los ideales de BATLLE y la militancia de sus integrantes en las filas del Partido Colorado datan de muchos años antes de 1918, el artículo que sigue y la LISTA DE ELECCIONES INTERNAS documentan fehacientemente esa lealtad.


HELVECIA


Doña Helvecia al frente de la Biblioteca, aún en construcción, en un atardecer de 1970.

Es de justicia, al culminar este Apéndice Documental, referirnos a Doña Helvecia Bomio de Cassina, ya mencionada en la reseña de la jornada en la que se inauguró en Piedras Blancas, el 12 de octubre de 1918 el Club José Batlle y Ordóñez de la 11ª y 17 ª Sección, como la mujer de excepción que logró plasmar en forma material su admiración -casi diría devoción- por BATLLE, al inaugurar la Biblioteca que lleva el nombre del Maestro, construída en dos de los solares de su quinta que conservan los ombúes bajo cuya sombra lo hemos visto descansar en muchos atardeceres.

Iniciados los trabajos en 1943 al inaugurar el Comité Cultural Batllista de Piedras Blancas Pro Biblioteca José Batlle y Ordóñez, con la colaboración personal y material, fundamentalmente de familiares y vecinos de la zona y aledaños, a través de cuotas de afiliados, venta de bonos, beneficios, kermeses, etc., se compraron los terrenos.

Colocada la piedra fundamental al cumplirse el primer centenario del nacimiento de BATLLE, por el entonces Ministro de Instrucción Pública, Don Renán Rodríguez, comenzó la construcción de la Biblioteca.

Sin desmayos, ni claudicaciones se llegó al año 1971 en que, aún sin terminar, pero con el valioso aporte de una construcción de 400 m2 fue donada al Estado.

La historia completa seguirá, quizá, en otra entrega....

La presencia de esa Biblioteca estará ligada siempre a Doña Helvecia, de vida humilde y austera, ejemplo de abnegación y de amor al prójimo que hizo de su obra –parafraseando a BATLLE y siguiendo su ejemplo- una obra de justicia para todos.

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